martes, 20 de marzo de 2012

Hablando de atracones

Podríamos definir el atracón como la ingesta incontrolada de grandes cantidades de alimento en poco tiempo, y hacerlo sin tener hambre, sino movidos por una necesidad en apariencia incontrolable. El atracón provoca desazón y excesiva saciedad en el estómago, así como tristeza y malestar por no haberlo podido controlar.
Todo bulímico sabe bien acerca de estos episodios que pasan a formar parte de su vida, sucediéndose con bastante regularidad.
No obstante la mayoría de las personas alguna vez experimentaron esa sensación de atiborrarse de comida, sin que ello hubiera significado padecer de un trastorno alimentario.
En el caso de la bulimia, como hemos visto en los criterios diagnósticos, los atracones se producen a razón de tres o más veces por semana. Hay personas que tienen estas compulsiones varias veces al día, lo que se denomina "Mal Bulímico": aquí hay peligro de rápida descompensación física.
Se describe al temible atracón como una crisis en tres tiempos:

  • Breve lapso de excitación en que la persona experimenta un malestar indefinido que la perturba e invade junto con una sensación desmedida de hambre y necesidad imperiosa de comer. La crisis puede desatarse por diversos motivos: soledad, aburrimiento, una desilusión, grandes períodos de restricción alimentaria, etc. Incluso hay pacientes que en forma consciente no pueden reconocer el factor desencadenante; generalmente son personas que se encuentran altamente tensionadas.
  • Repentinamente aparece el acceso bulímico, incontenible: la persona se arroja sobre los alimentos que tiene a mano. Generalmente son comidas hipercalóricas (pan, confituras, chocolate, pizza, helado, etc.). La persona ingiere a gran velocidad impresionantes cantidades de comida, incluso hasta hace “mezclas” que atentan contra el buen gusto: por ejemplo, luego de comerse 2 kilogramos de helado se atiborra con sardinas y aceitunas. Estos episodios se producen en una soledad absoluta , vigilando afanosamente para no ser descubierto. El fin del atracón se produce cuando ya no hay nada más que comer o cuando un tercero interrumpe.
  • Período de malestar profundo en que sobreviene un gran autodesprecio: la persona tiene la sensación de que pronto va a estallar su abdomen y experimenta sofocación. Siente dolor de estómago , a veces náuseas y hasta dolor de cabeza.El malestar puede aliviarse parcialmente con el sueño o con el vómito autoprovocado. Algunas personas, luego de vomitar, comienzan a atiborrarse de comida nuevamente.
Los atracones son una de las costumbres más perjudiciales a la hora de controlar el peso. Aunque nos atuviéramos a un mero conteo de calorías, el problema ya sería de por sí grave: supongamos que una persona obtiene su equilibrio energético con 2.000 calorías diarias, por ejemplo, y con ellas ni engorda ni adelgaza. La ingesta durante un atracón de 2.100 calorías en una comida, en vez de las 700 que debería haber tomado, supone un exceso de 1.400. Para eliminarlo, debería ingerir 200 calorías diarias menos durante una semana.
Sin embargo, el problema real de los atracones no es como se ha indicado en los párrafos precedentes sino, por desgracia, bastante peor. Una interesante investigación realizada en la Universidad de Linköping (Suecia), ha demostrado que los efectos negativos de los atracones perduran al menos durante dos años y medio después de caer en ellos, en forma de grasa corporal extra.
A nivel psicológico, después de darse el atracón, la persona se siente perturbada por fuertes remordimientos, culpa y enojo consigo misma. Se vivencia el episodio como un desdoblamiento de la personalidad donde por un lado hay una persona que quiere bajar de peso y, por el otro, una persona que va en contra de ese objetivo. Muchos pacientes aseguran “desconectarse” de la realidad cuando sobreviene el atracón, como si en ese momento no supieran lo que están haciendo.
A nivel neurofisiológico se ha descubierto que hay un mediador químico implicado en la aparición del atracón: momentos previos al episodio hay un descenso desmedido del nivel de serotonina en la sangre y en el cerebro. La serotonina es una sustancia que regula las sensaciones de hambre y saciedad. Con el tiempo, las recurrencias de los atracones pueden incrementarse, hasta llegar al punto de tener que recurrir a psicofármacos para estabilizar a la serotonina. Por ello, al estar en presencia de estos síntomas te recomiendo consultar con un médico.
Los atracones comienzan a desaparecer a medida que el paciente empieza a hacer conscientes los motivos desencadenantes. La clave es lograr que la persona identifique la causa, deje de sentirse culpable y empiece a entender lo que le pasa, en profundidad.


Ahora sí, teniendo en cuenta que ya sabemos qué son exactamente los atracones, podemos recurrir a algunos trucos para no caer en ellos:

  • Aprender a reconocer la sensación de hambre: Cuando sientes que se avecina el temido atracón, deténte unos segundos a reflexionar; respira profunda y lentamente (es muy bueno realizar cualquier tipo de ejercicio de respiración) y revisa mentalmente cuál es el sentimiento. ¿Es hambre?, ¿Estás en horario de comer?, ¿Qué alimento saludable y cómo podrías comer para saciarte? Por ejemplo, cuando siento que tengo mucho hambre y estoy en un ayuno o no es el horario de mis comidas, trato de beber un vaso de jugo o agua saborizada, algo dulce para que la sensación de hambre no me descompense y a la vez engañar el estómago, también funcionan los caramelos duros, de miel o algo así. 
  • Colocar carteles de advertencia y motivación: Son ideales para complementar los ejercicios respiratorios y para llegar al reconocimiento del hambre. Hay lugares clave para colocar los rótulos: la heladera, las alacenas, tu mesa de luz. En fin, vos sabés bien dónde colocar un ayuda-memoria. Posiblemente no desees que tu familia se entere de tu problema, lo cual es entendible, de ser así, coloca los rótulos entonces en algún rincón secreto al que sólo vos tengas acceso comprometiéndote a consultarlos con frecuencia, especialmente momentos previos al atracón. Los carteles pueden tener leyendas como: "No más autodestrucción", "Pensá en cómo te sentís después", "No es la solución", etc.
  • Agenda diaria detallada: Probá con llevar una agenda secreta en la cual detalles día a día exclusivamente los episodios de atracones. Escribí minuciosamente todas las carecterísticas de cada atracón como ser: hora, estado anímico previo (cómo fue tu día, tus frustraciones y tus logros), alimentos que consumiste, tiempo en que los consumiste, sensaciones posteriores, vómitos u otra conducta eliminatoria, el día “después”, etc. Realmente te asombrará y aprenderás mucho acerca de vos. 
  • Aromaterapia: Desde hace ya varios años se sabe del poder evocativo de la memoria que tiene el sentido del olfato. Ciertos aromas, por ejemplo, nos remontan a vivencias placenteras pasadas; otros perfumes nos producen una sensación de bienestar indescriptible. Esto puede llegar a ser altamente beneficioso como alternativa complementaria de tratamiento para tu problema de bulimia. Cuando sientas que comienza el "descontrol" y que se avecina el atracón prueba aromatizar el ambiente con el propósito de bloquear todo pensamiento autodestructivo que quiera surgir en tu mente. Los aromas más comunes son: cítricos, bergamota, jazmín, geranio, rosa, azahar, nardo, naranja y mandarina. Los aceites aromáticos se diluyen en agua y se someten al calor. Se utilizan en pequeñas proporciones (4 ó 5 gotas en 100 a 200 cm3). Podés buscar más información sobre esta terapia en cualquier sitio de la red, revistas, libros, etc.