¿Qué entendemos sobre amar? ¿Qué sentimos cuándo amamos? ¿Qué amamos cuándo amamos? ¿Cuánta realidad hay en el amor? ¿Cuánto de nosotros hay en ese amor? ¿Y cuánto de todo esto podemos entender? Nada.
Nos desvivimos tratando de entender qué, cómo, cuánto, desde cuándo y por qué sentimos lo que sentimos, sin tener en cuenta muchas veces que al ser un sentimiento, el amor no tiene que ser razonado, tiene que ser sentido, vivido.
El amor, hay tanto para decir sobre él y a la vez tan poco, por lo conflictivo que es... ¿ O será que nunca nos animamos a hablarle a este sentimiento? A decirle cuán mentiroso y vil es. Sí, definitivamente no hay nada más mentiroso que el amor. Cuando estamos enamorados nos acostumbramos a tener una razón para levantarnos y un lindo pensamiento antes de irnos a dormir; nos acostumbra a sonreír con un mensaje de texto, con una llamada o frente a un monitor por más que el mundo se caiga a pedazos: hace que el universo entero frene mientras damos un beso, y que sólo encontremos paz entre esos brazos; hace que no tengamos sexo, que hagamos el amor; hace que cambiemos nuestros modos, nuestros cómo y nuestros porqués, para que al otro no le duela, para conseguir una sonrisa que te ilumine la vida; aprendes a ser feliz con unos ojos brillando por verte, sólo con eso. Cuando amamos nos olvidamos que las personas después se van, que la vida es mucho más dura, de que no todo son besos y un futuro feliz, que afuera hace frío y no hay abrazos para abrigarte. Que te vas a levantar solo y triste y el día va a ser difícil, te va a doler y no vas a saber dónde duele... porque lo que duele es el vacío.
Cuando amamos nos olvidamos que "amar es darle a una persona el poder para destruirte y confiar en que no lo hará", como dicen, pero confiamos, lastima y duele.

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